Acerca de la identidad visual de los taxis

El taxi es un vehículo de alquiler con conductor que se diferencia de otros tipos de transporte público, ya que el usuario es el que determina en qué lugar se le recoge y donde se le deja.

La palabra “taxi” es universal y, según el “Diccionario de la lengua española”, es una forma abreviada de la palabra “taxímetro”, que a su vez deriva de las palabras griegas “tasa” y “medida”.

El origen de los taxis es remoto y se vincula inicialmente con el transporte en carruajes de correo postal. El inicio del servicio de taxis, tal como lo conocemos en la actualidad, hay que establecerlo a finales del siglo XIX en Stuttgart, donde se funda la primera compañía de automóviles con taxímetro. Sin embargo, su éxito se produce a principios del siglo XX en Paris, luego en Londres y ya en pocos años los taxis comenzaron a circular de manera progresiva por diversas ciudades del mundo.

En España el servicio de carruajes de alquiler se inicia en 1820 en Barcelona, en los inicios del desarrollo industrial; iniciativa que se considera el origen de los taxis en España.

Los primeros modelos de taxis surgen a partir de 1910 de las marcas catalanas Ideals, Elizalde y España, así como de las francesas Delahaye, Peugeot y Renault. La empresa Hispano-Suiza de Automóviles fue la primera que fabricó y comercializó en serie los primeros modelos de vehículos españoles.

Dada la naturaleza del servicio del taxi, resulta evidente que éstos deben poseer una identidad visual que los haga identificables, tanto de manera activa como pasiva. Se entiende por activa aquella que los hace identificables por los usuarios y pasiva la que permite identificarlos con el fin de que el resto de elementos que conforman la circulación tomen las precauciones necesarias, dado el comportamiento circulatorio especial de los taxis, con frecuentes paradas que, en ocasiones, pueden ser de carácter súbito.

Podemos distinguir tres grandes grupos en cuanto a su poder identificativo. Los muy notorios (Londres, Nueva York, Barcelona), los que únicamente se distinguen por algún elemento, pero el color del vehículo no tiene ninguna diferencia respecto del resto de vehículos (Madrid, Sevilla), y finalmente aquellos que son difícilmente distinguibles de los vehículos particulares (París, Amsterdam).

El tercer caso acostumbra a estar asociado a ciudades en las que el servicio de taxi no es de uso común, bien sea por tarifas elevadas o por la existencia de una eficaz y suficiente red de transporte público.

Generalmente los taxis del primer grupo,  que poseen una identidad visual poderosa y singular, contribuyen a su vez en gran medida a la identidad de la ciudad a la que pertenecen.

En los últimos años, con la aparición de nuevos modos de contratación del servicio (teléfono, internet, apps), podría parecer que una gran identificación de los taxis quizá estuviera perdiendo sentido, pero basta observar con atención y veremos que los distintos operadores compiten entre sí para hacer visibles sus propias identidades en sus respectivas flotas. Una necesidad da paso a otra.

El amarillo es el color predominante en las identidades de los taxis, ello se debe a que este color es el de uso menos frecuente en los vehículos particulares, consiguiendo a partir de esa diferenciación su capacidad identificativa.

Y ya que estamos en el amarillo unas líneas acerca de los taxis de Barcelona.

Es en 1934 cuando se determinan los colores negro y amarillo para toda la flota de taxis urbanos de la ciudad de Barcelona. En 1981 la Corporación Metropolitana de Barcelona unifica el servicio y la identidad del taxi en sus 27 municipios, adoptando todos ellos los colores característicos de los de la ciudad de Barcelona. Un servicio público con una identidad casi centenaria que sin duda forma parte indisoluble de la iconografía de la ciudad.

 

 

taxis_londres

Londres

taxis_nuevayork

New York

 

taxis-barcelona

Barcelona


taxis-madrid

Madrid

 

taxis_sevilla

Sevilla

 


taxi-amsterdam

Amsterdam

taxis_paris

París

 



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