Exposición Chorizo Ibérico

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Con la misma rapidez con la que el bagaje cultural cañí se desprende poco a poco de la tiranía de la paella, la fiesta nacional y el flamenco, entra en liza y se aposenta a lo grande una figura que siempre ha subsistido en el subconsciente de la piel de toro y que en el último cuarto de siglo ha explotado como una bomba de keroseno: el chorizo ibérico. Y no hablamos de gruesas lonchas de embutido a punto de ahogarse entre dos rodajas de pan, sino de ese sobrenombre que con el paso de los años se ha afianzado en su función de categorizar a un determinado prototipo de delincuente made in Spain.

vallery. chorizo iberico

Grandes perdedores de nuestra historia cuyo carisma, arrojo, cara dura, torpeza o desparpajo ha servido para darles de comer aparte en la siempre compleja enciclopedia de los malhechores patrios, una figura histórica que arranca con el Lazarillo de Tormes y la picaresca y que alcanza su cumbre pop con héroes del tocomocho, el hurto y la mano por detrás como El Dioni o Cachuli, una enorme variedad de embutidos y maleantes que ha puesto el afán de lucro y la falta de respeto a la propiedad ajena como una de sus prioridades vitales.

Desde las Riejus de los quillos de extrarradio de los 70 a los BMW de los post-yuppies convertidos en forajidos de alto copete, la crónica del choriceo hispano se nutre de antihéroes que, más que en desgracia, han acabado cayendo en gracia a la sociedad española y han devenido iconos pop para los hijos directos del Felipismo. Poco importa que hayamos pasado del pincho, el tirón y los atracos en estancos a las estafas bancarias billonarias, el pirateo indiscriminado de fondos públicos y el espionaje industrial a gran escala, que hayamos pasado de aprender el slang gitano a hacer como nuestros términos y conceptos como malversación de fondos, delitos de cohecho o apropiación indebida, testaferros políticos, falsedad documental, cultura del pelotazo o la beautiful people. Aquí lo verdaderamente relevante es saber que España sigue siendo una cantera inagotable de quillos, vividores y bandidos engominados que, guste o no, nos han proporcionado momentos de auténtica diversión y regocijo a lo largo de todos estos años. He aquí un particular y desenfadado tributo a nuestros chorizos ibéricos predilectos: veinticinco personajes de culto que, seguro, han hecho un pacto con el diablo para sobrevivir a la historia de este país.

Dónde: Vallery. Calle Calabria, 85, Barcelona.
Cuándo: Hasta el 13.01.2007



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