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El Branding Digital

Hoy en día resulta casi imposible definir que es y que no es digital. Podemos vincular casi todas nuestras acciones a algún tipo de medio de pantalla: des de consultar el horario del tren hasta hacer la compra on-line. Internet tiene el poder.

En el mundo del branding la tendencia no podía ser diferente y por ello todos los pasos en la creación y gestión de marca están condicionados al mundo digital: el naming, el código gráfico, la estrategia…

Podemos descubrir en marcas jóvenes un código gráfico digital caracterizado por sombras, degradados y tipografías 3D cómo principales ingredientes.

Las marcas afianzadas en el mercado no se han querido quedar atrás y han conectado sus marcas gráficas al mundo digital.

Tanto el ejemplo de Lu o Findus, (sector alimentario) su compra y consumo puede no tener una relación directa con internet pero la interacción de sus clientes con la marca sí. Ahora las empresas pueden hablar en tiempo real con sus consumidores, conocerlos mejor y conocer también sus necesidades. Internet es el canal para conocer y detectar futuros compradores y oportunidades. El boca a boca es la publicidad más poderosa.

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Storytelling en branding: los ingredientes de una buena historia

Una “historia”, segun la Real Academia de la Lengua Española (RAE), tiene varios significados pero, para tema que nos ocupa, se refiere a una narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados; es un conjunto de los acontecimientos ocurridos a lo largo de su vida o en un periodo de ella. La Enciclopedia Británica añade otros elementos cómo “la intriga o la trama de un relato o en el trabajo dramático, un rumor ampliamente difundido, una leyenda, o un artículo de prensa o difusión”.

Estas definiciones podría ser consideradas como amplias, dando la posibilidad de utilizarlas en contextos muy diferentes, pero al mismo tiempo, se da pié a crear una idea ambigua e incluso erronea de lo que una historia aplicada al branding realmente puede llegar a ser. Por lo tanto, será mejor que para nuestro tema, storytelling en branding, consideremos la definición de Simmons (2003) que nos dice que una historia es “una narración de un evento o eventos – verdadera o ficticia”, considerando como sus elementos distintivos, su contenido emocional y añadió detalles sensoriales.

A pesar de que el objetivo de este breve análisis es el uso de técnicas narrativas en las marcas, hemos de comenzar por las bases, por los ingredientes de las historias literarias, para poder aplicarlo después a nuestra marca. Recuerda también que una persona también es una marca, con lo cual, los siguientes consejos para crear una historia, aplican también para hacer marca personal (off/on-line).

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El branding en procesos de fusión (y la integración de Cajas de Ahorro)

La importancia estratégica de la marca en un proceso de fusión

Una fusión representa un reto importante en muchos aspectos, pero supone también una gran oportunidad para renovar las energías, mensajes y aspiraciones de las organizaciones.

Aunque las ventajas que conlleva el tamaño, las sinergias y el ahorro de costes son los primeros elementos se tienen en cuenta, la estrategia de marca es un aspecto clave que tendrá una incidencia decisiva en la percepción que los públicos (tanto externos como internos) tengan de la misma y en la proyección futura de la entidad.

Un proceso de integración no puede ser sólo defensivo, sino que debe aspirar a conquistar nuevos territorios a través de la combinación de las capacidades y habilidades de las empresas integrantes, bajo una nueva cultura organizativa y estrategia corporativa.

El branding que haya de tener la nueva empresa es una de las decisiones más estratégicas a tomar. Su impacto incide tanto en el largo plazo, por el horizonte temporal y compromiso que supone, como en el corto plazo, puesto que puede ser un freno o por el contrario un catalizador que impulse el cambio en la organización y la proyecte hacia unos nuevos objetivos y horizontes.

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Branding olímpico

Todavía anonadado por el despropósito de la identidad de la candidatura olímpica de Madrid 2020, viene bien repasar identidades olímpicas y de paso releer también el artículo que escribí para allbrand en 2004 coincidiendo con los juegos de Atenas.

Sentir los colores

Un trozo de tela, de uno o varios colores, que se emplea como insignia o señal, es –según define el diccionario– una bandera.

Las banderas siempre están en lo más alto (“se llenó hasta la bandera”), dado que su función depende de su visibilidad. Las banderas son hijas del enfrentamiento, de la confrontación, estandartes visibles a los que acogerse, expresivos del bando al que se pertenece o con el que se simpatiza.

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Over Promise

Que poco me gusta la expresión, seguramente por lo mucho y mal que se ha empleado y también porque son legión los que la han utilizado para demostrar a los demás lo mucho que saben sobre marketing y marca.

Y sin embargo que importante es el significado que encierra puesto que las marcas necesitan  en primer lugar lograr la preferencia de sus clientes, pero después, y aún más necesario, establecer relaciones de confianza duraderas. En definitiva, ser capaces de ofrecer algo relevante y después ser consecuentes con el compromiso contraído.

Para ello necesitaremos primero definir y después comunicar nuestra proposición de valor, o promesa de marca, como se prefiera, que constituirá la base sobre la que construiremos nuestra estrategia de marca. Como ocurre muchas veces en esta actividad del Branding, acostumbramos a emplear diferentes expresiones para decir lo mismo, pero lo importante es la idea que encierran. Las marcas, los productos, los servicios necesitan diferenciarse en un mundo saturado. Una proposición de valor bien definida es una de las claves a la hora de atraer, captar y fidelizar a nuestros clientes y debe cumplir con cuatro criterios para que sea eficaz. Es fundamental que sea relevante para nuestros clientes, sostenible en el tiempo, legítima –que estemos preparados para hacer lo que prometemos-, y diferencial.

No quiero extenderme  demasiado con el tema porque muchos de vosotros ya conocéis y compartís estos criterios. Si que me gustaría dejar a un lado lo que dicen los teóricos –que muchas veces no es más que lo establece la lógica- y explicar algún caso práctico en el que una proposición de valor acertada ha podido fracasar porque alguno de estos criterios no fueron tenidos en cuenta, o porque no se reflexionó suficientemente  sobre la repercusión del compromiso que estábamos adquiriendo, o porque la empresa no estaba preparada para ello y el resultado fue que se cayó en un over promise.

Cuando  definimos una proposición de valor es importante que toda la organización esté preparada para hacer posible el compromiso que asumido. En general, la promesa de marca debería ser la concreción de nuestra estrategia de negocio en términos de estrategia de marca, o dicho de otra forma, nuestra estrategia de marca se concreta en un concepto, o proposición de valor, que debe estar al servicio de la estrategia de negocio para facilitar su desarrollo.

Por ello, es muy importante emprender las acciones de branding interno necesarias para que toda la organización conozca, comprenda, comparta e interiorice  la promesa de marca. Que todas las áreas de la empresa estén organizadas y preparadas para asumir y hacer realidad el compromiso, para que cada empleado pueda llevarlo a la práctica mediante su contribución personal. Porque las marcas se construyen entre todos, desde dentro de la empresa y hacia fuera. Al revés no es posible, por mucho que invirtamos en comunicación.

Como ejemplo me voy a referir a un caso que ocurrió en el sector de las telecomunicaciones hace ya más de una década y que considero es un buen ejemplo de ello.

Retevisión fue la empresa que tuvo la responsabilidad de romper el monopolio de la telefonía fija en España que durante mucho años había mantenido el operador dominante. El momento era muy oportuno y tenía todo a su favor para haber triunfado. Además de adaptarnos a las directivas europeas en la materia, el mercado mostraba un cierto desencanto con la actitud del operador de telefonía; una actitud de cierta prepotencia y poca vocación de servicio que tenía su origen precisamente en la falta de competencia en el mercado. Algo que ya ha sucedido en otros muchos sectores en situación de monopolio.

Desde el símbolo contenido en la identidad visual de la empresa y que representaba el diálogo mediante dos letras “e” que estaban mirándose,  Retevisión trataba de trasladar al mercado una promesa; el compromiso de una empresa que irrumpía en el mercado con una clara orientación al cliente, con vocación de diálogo,  y que manifestaba de manera decidida en su claim corporativo “Por fin hay alguien a tu lado”.

El lanzamiento fue un éxito sin precedentes. El mercado estaba demandando un cambio de actitud por parte del operador y por fin alguien se ofrecía a ello. Los resultados no tardaron en llegar y durante el primer año Retevisión  logró más de un millón de clientes. Desde la empresa se afirmaba que probablemente había sido el lanzamiento de un segundo operador de mayor éxito en Europa, donde ya se había pasado por esta etapa de liberalización del sector.

Sin embargo la empresa no se había preparado para cumplir el compromiso que había adquirido. Las incidencias no tardaron en llegar; retrasos en la provisión del servicio, lentitud en la resolución de incidencias, problemas de facturación, etc. demostrando no estar a la altura de la confianza que habían depositado sus clientes, que pronto comprobaron como la orientación al cliente y voluntad  de diálogo no eran del todo ciertas y que lo que prometían en su claim era sólo algo “cosmético”.

Durante los años posteriores al lanzamiento el crecimiento de la empresa empezó a ralentizarse. A la vez que se captaban  nuevos clientes otros muchos decidían darse de baja y en pocos años el socio tecnológico y accionista de referencia dejo la compañía, iniciándose así el declive del que podría haber sido el segundo operador de mayor éxito en Europa.

Se había caído en un over promise y el mercado hizo lo demás.

Como reflexión final quiero destacar la importancia de tener claro que la estrategia de marca debe estar siempre al servicio de la estrategia de negocio, que debe ser una consecuencia de ésta y que cada vez es más importante que las organizaciones estén orientadas por la marca, sus significados y sus compromisos.

 

 

 

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Sin palabras

¿Cómo puedes saber dónde está tu puerta de embarque en el aeropuerto de Moscú? ¿Hacia dónde ir para recoger tu equipaje en el aeropuerto de Pekín? Un turista que no conoce el idioma local, se orienta gracias a los iconos que recorren los pasillos. Estos iconos son lenguaje no verbal tan útil o más que las palabras.

Ya antes de los capiteles de iglesias románicas, los signos se usaban para contar historias a personas iletradas. La historia moderna del lenguaje iconográfico y los pictogramas se remonta a 1934 cuando el sociólogo Otto Neurath y el ilustrador Gerd Arntz desarrollaron Isotype (International System of Typographic Picture Education) para comunicar conceptos de forma gráfica. La idea original pretendía ayudar a proletarios analfabetos en sus puestos de trabajo y, para ello, diseñaron 4000 pictogramas. Desde entonces hasta hoy, la iconografía sigue desarrollándose como una especialidad más del diseño gráfico, si bien, ahora se dirige a un público global y sobrepasa diferencias culturales e idiomáticas.

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Concepto, idea, esencia de marca… ¿Estrategia?

Podría citar a Sun Tzu o incluso a Clausewitz y ponerme a dar definiciones de libro de qué es una estrategia y por extensión qué es una estrategia de marca; pero no lo haré.

Una vez más me enfrento a este blog para dar mi visión, lo más práctica o menos ortodoxa que puedo, de este mundo del branding y de sus términos y definiciones. (Dicha visión por supuesto con el mayor ánimo de facilitar la digestión de los palabros y conceptos pero no siendo por ello menos fiable, en mi humilde opinión de “Consultora“)

Esta vez me centraré en la estrategia de marca definiéndola como un camino a seguir para alcanzar un objetivo.

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